piątek, 15 stycznia 2021

Un recuerdo musical: Jean Michelle Jarre y la prehistoria

Al comienzo de esta historia nuestro planeta era una bola gigante llena de volcanes, lava, humo y vapor. Durante cientos de millones de años la tierra aún no tenía su capa protectora y recibía impactos de meteoritos que cambiaban su composición geológica. Era un paisaje completamente hostil y extremadamente tóxico. La superficie del recién nacido planeta literalmente ardía, como su aire, lleno de gases tóxicos. Las múltiples religiones que hoy en día intentan explicarnos el origen y el sentido de la vida podrían tomar esas imágenes para asustarnos con la visión del infierno.

Desconozco si esa fue la verdadera imagen de nuestro planeta en su primera era, el Precámbrico, pero así la imaginaba cuando era niño y escuchaba la narración de mi padre junto a la magnifica música de Jean Michelle Jarre, "Oxygene". Mi padre solía contarme a mi hermanito menor y a mí la historia de la tierra utilizando cada una de las seis partes de "Oxygene" como fondo musical que desde entonces siempre me ha hecho pensar en mi infancia, la infancia de la tierra y su milagrosa historia, de la que formamos parte.

Los primeros minutos me traen imágenes de lava, fuego y humo. Gradualmente la faz de la tierra se va enfriando y finalmente en el minuto 4:27 algo empieza a pasar: Hay cambios, movimiento. Es la creación de la atmósfera y los océanos. El hielo de los asteroides aumenta la superficie de esos mares y así llegamos al minuto 7:41 que para mí ilustra la aparición de los primeros organismos unicelulares: las primeras formas de vida en la tierra. Así empieza la segunda parte de "Oxygene":

Esta música me invita a sumergirme en el océano y conocer a sus primeros habitantes. Atravieso sus aguas viendo primero unos organismos unicelulares y luego otros cada vez más complejos. Hay cada vez más especies de corales marinos, crustáceos, anémonas y finalmente aparecen los peces. En el aire ocurre otro evento importante: la aparición del oxígeno, el gas que miles de millones de años después da título a las composiciones de Jarre.

Hacia el final de la segunda parte empiezo a escuchar los sonidos que me llegan desde la superficie. ¿Qué estará pasando? Esto se explica mejor escuchando la tercera parte. En el 0:23 saco la cabeza del agua y veo la tierra ya con vegetación y los primeros peces que se han aventurado a salir del agua. 

Con la tercera parte en la narración de mi padre aparecían los primeros anfibios y reptiles, algunos ya cien por cien terrestres. Los hay de diferentes formas y tamaños, aunque cada vez más grandes. Los árboles y otras plantas alcanzan dimensiones inimaginables hoy en día. El clima es caluroso, abundan los volcanes activos. La importante actividad sísmica acaba por romper el supercontinente de Pangea y dispersa sus piezas.

La cuarta parte, tal vez la más conocida del album, empieza con el sonido de olas. La música se vuelve más dinámica, con un bajo y una percusión (Los dos electrónicos, por supuesto). Me imagino a los reptiles ya cómodamente dominando la faz de la tierra, e incluso empezando a conquistar el cielo. Los árboles y los herbívoros que se alimentaban con sus hojas son gigantescos, lo cual marcó la evolución de los carnívoros, también cada vez más grandes y potentes. 


Veo los grandes reptiles del período jurásico y luego los del cretáceo: el mítico Tyrannosaurus rex, el Triceratops con sus tres cuernos, el enorme Brachiosaurus con su cuello largo. La música es alegre y dinámica, me hace pensar en la fascinación con la que solía leer sobre esa época de los animales y las plantas gigantes. Pero alrededor del 3:40 se escuchan sonidos cósmicos y la percusión y el teclado se empiezan a esfumar, como la vida de los reyes del planeta hasta ese momento. Empieza la quinta parte:


No sabemos con certeza qué ocurrió, pero probablemente el impacto de un meteorito causó una catástrofe global que afectó sobre todo a los grandes reptiles. Los dinosaurios ya no están, aunque sobreviven algunos de sus primos: las tortugas, los cocodrilos, los lagartos y las serpientes. De todas maneras, el mundo ya no es propiedad de los reptiles. Un desastre de proporciones apocalípticas les arrebató el dominio.

Los primeros mamíferos, que ya habían coincidido con los dinosaurios, están mucho más adaptados a las nuevas condiciones. Los primeros tres minutos de esa pieza musical representan el tímido renacimiento de la vida terrestre. El teclado en el tercer minuto me hace imaginar los primeros grandes mamíferos de la era cenozoica. A partir del minuto cinco esos seres inteligentes y adaptables empiezan a apropiarse del planeta, aunque siguen conviviendo y compitiendo con las aves, los reptiles, los peces y otros organismos. Es un mundo de constantes cambios, con sus alternantes épocas de glaciación y deshielo. Me imagino manadas de mamuts lanudos atravesando un paisaje nevado. Hay rinocerontes peludos, felinos con dientes de sable y finalmente los primeros primates. Así llegamos al sonido de las olas del mar, o tal vez una respiración que dan entrada a la última parte de "Oxygene":

Los mamíferos evolucionan más rápido que otras clases de animales y una especie es particularmente exitosa en ese desarrollo: el homo sapiens. Los humanos prehistóricos pasan cientos de miles de años anclados a su África natal, pero en un momento empiezan a asomar la cabeza para explorar y habitar tierras cada vez más lejanas. Llegan a Asia, Europa, las Américas y hasta las muy remotas islas de Oceanía y Australia. El dinamismo de la última parte de "Oxygene" parece reflejar la asombrosa velocidad de evolución del ser humano. Al mismo tiempo los sonidos de las olas o de la respiración (O tal vez de las dos cosas...) me recuerda el origen de la vida: el mar y el oxígeno.

Cuando escuchaba esas historias en mi infancia todavía no tenía una imagen tan negativa de nuestra especie y del impacto de su hegemonía en la tierra. Escuchar "Oxygene" hoy en día es una experiencia diferente: la escucho con nostalgia y alegría, pero también me genera preocupación. Me asombra que la evolución del ser humano, que representa una diminuta parte de la escala temporal geológica, ha tenido un efecto tan negativo en la vida de otros animales. Hace no mucho leí que la humanidad llevó el 60% de las poblaciones animales a la extinción desde el año 1970. El cambio climático parece ya imparable y las próximas décadas pueden ser cada vez más difíciles para la vida en la tierra. Sería triste para mí ser testigo de las extinciones masivas que pueden llegar pronto. Sin duda la vida sobrevivirá a la hecatombe del egoísmo y estupidez humanas y se adaptará a las nuevas condiciones. Ojalá no evolucione otra vez en la misma dirección.

środa, 9 grudnia 2020

Homenajes a Maradona y la coherencia imposible

Mensaje de adiós a Maradona de la periodista Mariana Carbajal
Con el paso de los años la vida adulta parece convertirse en una constante lucha por mantener una postura coherente frente a múltiples e inevitables dilemas éticos. Para mí personalmente las derrotas en esta lucha han sido frecuentes y mis contradicciones cada vez más evidentes. He llegado a la conclusión de que la coherencia absoluta en absolutamente todo es absolutamente imposible. Quiero dar un ejemplo de mi propia experiencia: A lo largo de mi vida he dicho y pensado cosas sexistas, racistas, homófobas y clasistas, y he actuado de forma especista con los animales. Sin embargo, mis valores son de igualdad y justicia y trato de ser fiel a ellos en todo momento. En ocasiones también he sido desconsiderado y cobarde y en otras ocasiones todo lo contrario. Mirando hacia atrás y pensando también en mis amigos y familiares, creo que todos somos un cúmulo de contradicciones, y cuánto antes lo asumamos, mejor. Mientras esa aceptación no se convierta en una excusa para abandonar todo esfuerzo por ser lo más coherente que podamos, tal vez sea lo más sano para nosotros y nuestro entorno.

No es la primera vez que reflexiono sobre la coherencia y las contradicciones, pero la reflexión resurgió con fuerza después del reciente fallecimiento de Diego Armando Maradona, posiblemente el mejor futbolista de la historia (aunque yo soy más de Messi). Soy futbolero hasta la médula y considero que a cualquiera a que le guste este deporte, le debe enamorar el juego del legendario '10' argentino. Justamente por ese motivo, todavía consternado por su muerte tan prematura, publiqué un mensaje de adiós en mis redes sociales, con un video de jugadas famosas y la canción "La mano de dios" de fondo. Mi mensaje pronto encontró una respuesta crítica de una amiga, sorprendida que ese "homenaje" venía de mí y seguramente contraria a ese tipo de mensajes por el largo historial del mito argentino con la droga y la violencia de género. Por supuesto mi amiga tiene derecho a cuestionar mis motivos y no tengo ningún problema con eso. Su mensaje fue sólo uno de millones similares en un debate global en torno a la figura de Maradona. En estas últimas semanas he leído tanto textos de feministas que defienden su derecho a ser "maradonianas" como artículos de hombres críticos con la ola de homenajes al mito argentino al que no perdonan sus lamentables episodios de maltratos a mujeres.

Creo que ambos puntos de vista son válidos y el debate es seguramente necesario. Considero que destrozar a alguien porque quiere o no quiere homenajear a la figura del fallecido genio del fútbol revela un problema grave de fanatismo e intolerancia. Los santos sólo existen en las leyendas y todas las personas son cuestionables desde algún punto de vista. No podemos permitir que la crítica a una figura pública sea tratada como un sacrilegio, como en el caso de la futbolista Paula Dapena, amenazada por negarse a participar en un homenaje a Maradona durante el partido de su equipo. Del mismo modo, tampoco creo que un mensaje de adiós por su muerte tenga que ser interpretado como sexista y que la persona que lo publique sea culpable de apología del machismo.

Personalmente no puedo lamentar demasiado el fallecimiento del Diego. No soy ni argentino ni napolitano, o sea que Maradona no es el ídolo en mi club favorito o la selección de mi país. Nací en el año 1983, por lo tanto soy demasiado joven para recordar al mejor Maradona: el de la década de los ochenta. Por consiguiente, mi mensaje de adiós no era un homenaje a una referencia personal idealizada, sino una sencilla despedida de alguien que significó mucho en la historia de mi deporte favorito. Sin duda sentí lástima porque murió demasiado joven y también por cómo manejó su vida después de colgar las botas. Él mismo dijo que nunca quiso ser un ejemplo de nada y tenía derecho a no serlo, pero también tenía el poder de serlo y de inspirar no sólo como futbolista sino también como persona al que desgraciadamente renunció. En mi caso no creo que mi mensaje pueda ser tachado de apología del machismo y el maltrato.

De la misma manera si comparto una canción de Noir Désir, no significa que esté a favor de la violencia de género (Aunque aquí admito que se me hace incómodo escuchar la banda). Si homenajeo la figura del Mahatma Gandhi, lo hago por lo que ha significado para la decolonización de una gran parte del mundo y no por sus infames declaraciones racistas sobre los africanos ¿Qué quiero decir con eso? Pues que no lo considero una contradicción, y aunque sea una contradicción, al final y al cabo la coherencia absoluta es imposible. Recordaré a Maradona como un genio espectacular en la cancha y un personaje único fuera de ella, pero también le recordaré sus maltratos a parejas, su adicción a la droga, sus celos e incomprensibles ataques a Messi y muchas otras cosas negativas. Lo recordé el día de su muerte simplemente porque, con todo lo bueno y malo que tenía, Maradona es simplemente inolvidable.

środa, 2 grudnia 2020

Polacy nie wierzą w koronawirusa: moda na teorie spiskowe i jałowy bunt

Od początku pandemii Covid-19 z ciekawością obserwuję różnice w reakcji na wprowadzone restrykcje i obostrzenia w różnych krajach. W Hiszpanii poza nielicznymi grupami antyszczepionkowców, mieszkańców bogatych dzielnic wielkich miast i skrajnej prawicy społeczeństwo zachowuje się odpowiedzialnie i stosuje do zaleceń ekspertów i lokalnej administracji. W komunikacji miejskiej i sklepach wszyscy niezależnie od wieku i stanu zdrowia noszą maseczki. Jedynie w barach i restauracjach z oczywistych powodów nie trzeba nosić tego typu ochrony, lecz z zachowaniem dystansu pomiędzy stolikami. Ogólnie rzecz ujmując, znakomita większość ludzi zaakceptowała fakt, że ta niewielka niedogodność wynikająca z podstawowych obostrzeń jest konieczna. Nikomu nie podobają się poważniejsze restrykcje takie jak te, które zostały wprowadzone w Hizspanii w marcu, ale ludzie rozumieją, że tego rodzaju trudne decyzje są konieczne, aby zapobiec dalszemu rozwojowi pandemii. Nie piszę tego jedynie z perspektywy osoby uprzywilejowanej, która zachowała w miarę stabilną pracę i niezłą wypłatę, lecz przekazuję to co widzę w moim otoczeniu. Wielu z moich sąsiadów straciło źródło dochodu, a mimo tego nie słyszę od nich żadnych teorii spiskowych czy krytyki podstawowych restrykcji. Niestety z tego co czytam często w mediach społecznościowych wynika że zupełnie innego zdania są całe rzesze Polaków. Negacjonizm ma się w Polsce doskonale i nawet rośnie w siłę, co niestety nie pomoże w walce z wirusem.

Staram się wykazywać empatią i w dużej mierze rozumiem frustrację i cierpienie jakie powoduje ta przedłużająca się niepewność. Nawet próbuję podejść do problemu teorii spiskowych na temat koronawirusa ze zrozumieniem, w końcu ludzie często akceptują teorie i argumenty, które poprawiają samopoczucie i dają poczucie kontroli nad sytuacją. Wiele osób straciło pracę i martwi się o przyszłość swoją i swojej rodziny, co często umieszcza je na torze kolizyjnym z rządowymi restrykcjami. Przyznaję jednak, że na widok licznych bardziej ekstremalnych komentarzy w polskim internecie reaguję z niedowierzaniem i złością. Trudno jest mi pojąć jak ktoś może wciąż wierzyć, że wirus SARS CoV-2 nie istnieje, lub że maseczki są bezużyteczne skoro liczne badania potwierdziły skuteczność zakrywania ust i nosa oraz zachowywania dystansu między osobami. Nikt nie akceptuje tego typu nakazów i zakazów z przyjemnością, ale czasami wypada pomyśleć czy czasem nie są one wprowadzane dla dobra ogółu. Kilka razy zostałem zapytany w komentarzach na Facebooku czy znam kogokolwiek chorego na Covid przez osoby, które nikogo takiego nie znają i dlatego nie wątpią w jego istnienie lub w zagrożenie z jakim się wiąże zarażenie nim... Ręcę mi opadają z bezradności kiedy czytam takie głupoty. Równie dobrze mogę stwierdzić, że nie wierzę w istnienie Indonezji, bo nie znam nikogo kto by tam kiedyś był. No, dalej, udowodnijcie mi, że Indonezja istnieje! Oczywiście że znam osoby, które zachorowały i były na kwarantannie. Mam bliskich znajomych, którzy już się wyleczyli lub leżą chorzy w łóżku w momencie kiedy to piszę.

Z zasady nie angażuję się w dyskusje z tego typu konspiranoikami dla dobra mojego zdrowia psychicznego. Za każdym razem gdy ktoś z moich kontaktów na Facebooku wdaje się w tego typu dysputy, kończy się to wyśmianiem tej osoby i stwierdzeniem, że "wierzy we wszystko co pokazują media". Studiowałem media i mam świadomość tego, że większość najpopularniejszych gazet i stacji telewizyjnych oraz radiowych prezentuje rzeczywistość subiektywnie, zgodnie ze swoimi interesami ekonomicznymi czy swoją przyjętą ideologią. Mimo tego, kwestionowanie absolutnie wszystkiego co serwuje nam telewizja i gazety to zwyczajna paranoja. Wiara w to, że wszystkie popularne media kłamią, a politycy wzbogacają się dzięki kryzysowi jaki wywołała pandemia jest naiwna, a nawet infantylna. Z pewnością pewne sektory zbiły na pandemii fortunę, wystarczy pomyśleć o korporacjach takich jak Amazon, Microsoft, Facebook czy Pfizer, reprezentujących różne sektory gospodarcze. Tak jak przy okazji każdego innego kryzysu gospodarczego, najbogatsi się wzbogacają a najbiedniejsi popadają w jeszcze większą mizerię. Ale czy te fakty dowodzą, że koronawirus został wymyślony w ramach jakiegoś spisku, jakiejś "plandemii"? Tego typu wnioski są bardzo naiwnym uproszczeniem rzeczywistości, również promowanym z dość oczywistym interesem politycznym przez głównie skrajnie prawicowe partie takie jak VOX w Hiszpanii czy Konfederacja w Polsce. Doprawdy zacne towarzystwo dobrali sobie negacjoniści! Co ciekawe, często te same osoby, które nie wierzą tradycyjnym mediom, ślepo ufają pierwszemu lepszemu źródłu informacji na Facebooku...

To, czego teorie spiskowe nie biorą pod uwagę to choćby drastyczny spadek PKB praktycznie na całym świecie, a z pewnością w Europie. Polskie PKB zmniejszyło się o 8,2% w drugim kwartale roku 2020, a hiszpańskie aż o 18,5%! Jak możemy mówić o jakiejś politycznej korzyści, jaką rzekomo wyciągają z pandemii rządy krajów, skoro za ich kadencji dochodzi do największego kryzysu gospodarczego od czasu II wojny światowej, według Banku Światowego. To nie tak, że dla mnie Forbes czy Bank Światowy są jakimś niepodważalnym autorytetem, ale większość źródeł jakie sprawdzam mówi o najgorszym kryzysie gospodarczym od wielu lat, a czasami nawet w historii, tak jak w przypadku Ameryki Łacińskiej (odkąd prowadzi się statystyki gospodarcze). Oprócz tak trudnych do wyobrażenia liczb jak PKB, mówi się też o bardziej konkretnych liczbach. Dla przykładu w Hiszpanii kryzys doprowadził do utraty ponad miliona miejsc pracy. W wielu krajach rządzące partie i ich liderzy zanotowali poważny spadek poparcia w sondażach z powodu niepopularnych decyzji mających na celu zatrzymanie rozwoju pandemii. W Hiszpanii ten moment próbuje wykorzystać opozycja, a w wielu innych krajach Europy prawica i skrajna prawica nawołują do protestów i nieposłuszeństwa.

W dodatku bardzo irytuje mnie fakt, że ten nagły wysyp buntowników ma miejsce kiedy rząd wprowadza ograniczenia nie z pobudek czysto politycznych tylko słuchając zaleceń ekspertów, w szczególności epidemiologów. Czytam opinie, że to rząd ogranicza nam wolność nakazując noszenie maseczek. Nie, człowieku, Twoją wolność ogranicza od dawna atakując i w praktyce likwidując niezależność sądów i instytucji publicznych czy też indoktrynując dzieci w szkołach katolicko-nacjonalistycznym bełkotem. W porównaniu z tym, naprawdę tak bardzo bulwersująca jest konieczność noszenia maseczek dla dobra ogółu, a w szczególności osób z grupy podwyższonego ryzyka? Wasza wolność indywidualna jest ważniejsza niż czyjeś życie? Chciałbym też wiedzieć gdzie są ci wszyscy covidowi buntownicy kiedy trzeba się buntować przeciwko jawnym niesprawiedliwościom takim jak eksmisje, spekulacja na rynku własnościowym czy wydawanie publicznych pieniędzy na finansowanie sekciarskich projektów takich jak Świątynia Opatrzności Bożej. Ciekaw jestem co robią kiedy trzeba protestować przeciwko wojnom i zamykaniu granic uciekającym przed nią uchodźcom. Zapewne większą niesprawiedliwością jest, że jakiś wygodny mieszczuch nie poleci sobie na wakacje do Tajlandii.

Oczywiście, nie odbieram prawa do protestu i rozumiem ból tych, którym naprawdę się dostało z powodu restrykcji. Zaznaczam, że nie zaliczam ich do grupy wygodnych mieszczuchów, którzy zamiast Tajlandii będą zmuszeni spędzić wakacje na sofie oglądając seriale na Netflixie. Moja krytyka nie jest wymierzona w tych, którzy zapieprzają przez czterdzieści i więcej godzin tygodniowo i mimo tego nie stać ich na wakacje i Netflixa, a często nawet na oszczędności. Chciałbym, żeby ludzie zamiast buntować się przeciwko restrykcjom, zbuntowali się przeciwko arogancji i chamstwu PiSu, który lekceważy i atakuje lekarzy i osłabia służbę zdrowia do tego stopnia, że brak restrykcji szybko doprowadziłby do jej totalnego załamania. Bardzo naiwne jest skupianie się wyłącznie na statystykach śmiertelności i ignorowania zagrożenia jakim są przepełnione szpitale i rzesze lekarzy chorych na Covid-19 na zwolnieniu. W takiej sytuacji były Włochy i Hiszpania w marcu i kwietniu. Ponadto, wyobraźcie sobie że śmiertelny dla osób starszych wirus atakuje Waszych rodziców lub dziadków. Ja przynajmniej nie chciałbym, żeby spotkało to moich rodziców.

Z pewnością sceptyczne nastawienie części polskiego społeczeństwa mieści się w szerszym kontekście kryzysu wiary w demokrację i braku zaufania do rządów w Europie i Stanach Zjednoczonych. Rewelacje Wikileaks czy Edwarda Snowdena pokazały nam, jak wielką władzą dysponują nasi rządzący i potężne ponadpaństwowe korporacje, i jak często jej nadużywają. Podejrzliwość w sytuacjach, w których rząd kieruje się interesem potężnych lobby i elit społecznych zamiast dobrem publicznym jest całkowicie zrozumiała i wskazana. Natomiast w obecnej sytuacji, gdy prawie każdy kraj na świecie posłuchał swoich naukowców i lekarzy zamiast miliarderów i korporacji, obawiam się, że jest to sprzeciw całkowicie jałowy, który może doprowadzić do zwiększenia ilości zakażeń i wprowadzenia jeszcze poważniejszych restrykcji.

Rozumiem i zgadzam się często z osobami, które kwestionują decyzje jakie podejmują nasi rządzący w walce z pandemią. W końcu wiele z tych restrykcji jest, przynajmniej z pozoru, absurdalnych. Na przykład w Hiszpanii w pierwszej fazie otwarcia gospodarki po kwarantannie można było pójść do baru ale na plażę już na przykład nie. Z pewnością większe ryzyko zakażenia istnieje w ciasnym i zatłoczonym lokalu niż na świeżym powietrzu nad morzem. Jednak jeśli ktoś zapoznał się lepiej z tematem, okazało się, że tego typu obostrzenia mają sens z punktu widzenia ekonomii: hiszpański rząd nie mógł sobie pozwolić na dalsze wypłacanie zasiłku ERTE pracownikom, dlatego musiał otworzyć bary i restauracje. Aby nie zwiększać ryzyka zarażenia się wirusem, inne obostrzenia zostały utrzymane przez kilka następnych tygodni. Jestem pewien, że takich sytuacji jest więcej, ale rozumiem też krytykę tego typu decyzji.

Niezależnie od tego jakie jest nasze zdanie na temat pandemii i wprowadzonych restrykcji, wszystkim którzy to czytają życzę zdrowia i oby nikt w Waszych rodzinach nie ucierpiał z powodu Covid-19. Miejmy nadzieję, że pandemia wkrótce przejdzie do historii i będziemy mogli o niej porozmawiać z większym dystansem.

piątek, 4 września 2020

Kraków Equality March 2020: Thousands of Poles protest against homophobia and demand equal rights

The pandemic is not an ideal context to travel, however, encouraged by a friend and driven by certain nostalgia I decided to fly to Poland for two weeks last month. This visit was a special one precisely due to the context, since so many things have happened to everyone in the last couple of months that I felt there was a lot we could share among friends and family.

I don't normally miss Poland that much. The food is delicious there, the climate in summer is often pleasantly mild and people seem much happier than they mostly appear to be. I'm definitely much more adapted to the life and mindset of people in Barcelona. Compared to Barcelona, Poland always seemed to me extremely materialist, capitalist, conservative and intolerant. However, this time I was very positively surprised by what I saw back in my home country, especially on the 29th of August in Kraków.

On that day I went to the main market square with two friends and we were surprised by an unusual amount of police vans and agents everywhere around the centre. By the time we reached the square we had already noticed groups of young people with rainbow colours and other groups dressed in black and sports clothes, looking more like far-right nationalists or football hooligans. When we heard drums and crowd noise, we understood that there were probably at least two demonstrations held inside the square: An LGTBI one and a right-wing protest against it.

From a few hundred meters we could discern a group of around a hundred nationalists, mostly in black colours. Their banners announced which organisations they represented: "Patriots of Lesser Poland" (The Kraków region), "National Radical Camp" and other far-right groups. Such groups usually deny any connections with fascism or white supremacy, however a closer look at some of the demonstrators revealed the truth: several of them wore face coverings with Celtic crosses, used by neonazis to symbolise white supremacy. The banner in front of them read "Freedom of speech for nationalists", although perhaps it should have explicitly demanded permission to exterminate gays, leftists and immigrants...

Some other banners read "Stop homopropaganda" and "God, honour and homeland". The last one was also what the nationalists shouted several times towards the LGBTI demonstration held less than a hundred meters away. Quite unsurprisingly I could only spot one or two women in the fascist-nationalist demonstration. After all, that kind of far-right, white supremacist ideology is an alpha male thing, nothing to do with empathy, equality, solidarity and other female weaknesses. Get together, get drunk, beat up some weaklings and go back to their caves: That's their favourite sport.

Across the police line facing the far-right protesters the group of pro-LGBTI rights demonstrators was a lot more numerous. I only found out later that this was the official Equality March ("Marsz Równości" in Polish). Some of the demonstrators stood in front of the nationalists showing the rainbow flag. There was also an antifascist flag carried by a young man in his early twenties. Not being able to hold their anger, some of the fascists started shouting homophobic insults and other abuse towards those who came to face them with their flags. Even the nationalists' speaker showed his true colours by saying "The police will disperse and they will be left alone. Things will get interesting". The threats were very clear and unfortunately they have to be taken seriously in Poland today.

Compared to the hatred and anger displayed by the fascists, the Equality March was fun to watch: Lots of mostly young people with rainbow flags, drums playing and a truly wonderful atmosphere. Thousands of people got together to show their support for equal rights and their rejection of homophobia. There The march was a big celebration but also a demonstration of unity and strength by all those citizens who disagree with the discrimination of the LGBTI community in Poland with the consent and encouragement of the Polish government. I was suddenly stricken with a sense of pride and hope. I had been very pessimistic about Poland before but seeing this magnificent display of resistance made me change my mind: Yes, things can change for the better in Poland, and maybe quite soon.

There was yet another event held on the other side of the square, in front of Kraków's emblematic monument, the Saint Mary's Basilica. A group of around thirty people stood there for the whole duration of the Equality March, apparently defending the great church from the demonstrators. Two men held huge Polish flags, others had rosaries in their hands. The group held a banner with a religious message. A few other less numerous groups around the square carried banners associating homosexuality with child abuse and paedophilia. My favourite banner was one that claimed that sex educators teach 4-year old children how to masturbate and 6-year old children how to have an orgasm or something of that sort. Dear homophobes, people are not stupid, please make up a more credible story!

Although I actually think that some people do believe in such ridiculous stories, but surely such a huge lie cannot hold for too long. Just like associating homosexuality with paedophilia - even the less informed people will realise that it's complete nonsense. People should be more worried about the homophobes who create an atmosphere of violent intolerance which leads to bullying and abuse of anyone who stands out. As one speaker at the Equality March rightly said, it's not the government which is protecting Polish children from the LGBTI community, it is the LGBTI community which defends children from facing discrimination and abuse due to sexual orientation or gender.

This was the first time since I left Poland eight years ago that I felt hopeful about the future of the country, in spite of the right wing always winning the elections and a growing number of homophobic and racist attacks in the streets. I feel like there is a resistance to it in the Polish society and this resistance seems to be growing too, although primarily in bigger cities like Poznań, Gdańsk, Kraków and Warsaw. As long as there are people and organisations willing to stand up for justice and equality, things can change for the better

For the paranoid right wing an enemy is essential to its existence. Yesterday it was the refugees and today it's the LGBTI community. If you think you don't need to join the protests, for some random reason you might be the target tomorrow. Today I would take the antifascist and the rainbow flags and participate in another Equality March. Because it's not about being gay, transsexual or "straight", it's about respect and equal rights for all. One banner at the Kraków march summed it up more or less in these words: "Love is always love, hatred is the real deviation". The choice is quite simple

sobota, 15 sierpnia 2020

Mi noche más negra como culé

Como cualquier hincha de un club de fútbol, he sufrido muchas decepciones y frustraciones con los resultados deportivos de mi equipo. Llevo muchas temporadas siguiendo a mi querido Barça y tengo claro que el apego a unos colores inevitablemente lleva a sufrir desilusiones en momentos difíciles. Varias veces he escuchado que siendo de un equipo grande no experimento tantas decepciones como los hinchas de equipos algo más modestos, por ejemplo, el legendario Deportivo A Coruña, recién descendido a Segunda División B. Discrepo con esa opinión, ya que las hinchadas de los grandes campeones europeos son extremadamente exigentes y, por lo tanto, cada año el orgullo y la ilusión inflan un gran globo de expectativas que explota con mucho estrépito si esas expectativas no se cumplen.

En teoría mis veinte temporadas de experiencia como hincha de fútbol me permiten vivir esas decepciones con más calma y seguir con mi vida, cuando hace años no era así. En el año 2002 estuve de capa caída durante una semana después de que la Juventus eliminara al Barça en la Champions. Tres años más tarde me dolió la injusta (en mi opinión) eliminación a manos del Chelsea de Mourinho. Tanto el Barcelona de Rijkaard como el de Guardiola acababan pinchando y el globo se desinflaba recordándonos a los culés que no se puede ganar siempre. Hubo desastres sonados como la debacle del Barça del ausente Tito Vilanova contra el Bayern o el desastre en Turín del equipo de Luís Enrique. Para mí eso ya formaba parte de la vida de un hincha y tras un bajón inicial rápidamente recuperaba el buen ánimo.

De todas maneras, últimamente algo ha cambiado y me siento cada vez más desmotivado. El globo ya ni siquiera se infla de expectativas pero las caídas duelen más que antes. Puedo entender un mal día, la mala suerte o que un rival sea superior. Al final los jugadores y entrenadores son humanos y es imposible rendir siempre al máximo nivel. Lo que no puedo aceptar es la combinación de incompetencia, falta de personalidad y maldad que llevo varios años viendo al cargo de mi club favorito. La política de fichajes es simplemente horrorosa: hace años que el equipo pierde a sus referentes y no muestra la capacidad para reemplazarlos gastándo auténticas millonadas a diestra y siniestra sin tener un proyecto coherente. Los entrenadores que llegan son de perfil bajo y ya con eso el club muestra una chocante falta de ambición. Para el colmo, hemos sido testigos de un escándalo bochornoso protagonizado por unos directivos que lanzaban campañas virtuales contra los jugadores de su propio club como Messi o Piqué. Todo esto combinado con las humillaciones en el césped me hacen cuestionar si debería seguir frustrándome y viendo como unos inútiles hunden a lo que no hace tanto era un grandísimo equipo de fútbol.

Este proceso de hartazgo empezó hace tiempo. Hace tres años volvía a casa tras una cita que no me había ido demasiado bien. Paré en un bar en el barrio de la Sagrada Família para calmar mi tristeza con una cerveza fría y un esperado pase a semifinales del Barça contra la Roma. El resultado ya era muy desfavorable para los blaugrana y no llegué a tomar ni la mitad de mi caña cuando los romanos marcaron su tercer gol que podía ser el clavo en el ataúd de Messi y compañía. Los jugadores de Ernesto Valverde y el propio entrenador estaban aturdidos. Sus caras y su fútbol preocupaban, se veía que no tenían ninguna capacidad de reacción. Salí del bar tras el último pitido del árbitro estupefacto. Eso no le podía pasar al Barça, no con Messi, no contra la Roma, no no no...

Un año más tarde estaba de viaje en la ciudad de Pokhara en Nepal y decidí despertarme a las dos de la noche para ver la vuelta de los semifinales contra el Liverpool. En mi hostal nos habían preparado una pantalla al aire libre y nos habilitaron el bar para que podamos verla y disfrutar de unas cervezas. De todo el grupo de unas quince personas yo era el único hincha del Barcelona, los demás o eran del Liverpool o simplemente estaba en contra del Barça. Esa noche viví otro espectáculo bochornoso contra un rival que jugó sin varias de sus máximas estrellas. Una vez más vi caras largas y una absoluta depresión de un equipo superado en todas las facetas del juego. El primer gol de Origi fue un aviso y en ningún momento se vio al Barça seguro y sólido. Con el segundo gol sentí que eso podía acabar muy mal y el tercero fue la confirmación de esa sensación. El equipo de Valverde estaba con miedo: impreciso, estresado, falto de personalidad y estilo. Tras el cuarto gol dije "basta" y volví a mi habitación furioso. Aguanté noventa minutos de burlas de los demás espectadores y una burla de mi propio equipo pero ese gol ya era demasiado cruel. Faltaban unos minutos para el final y con 4:1 pasaba el Barça pero yo ya sabía que ese equipo no iba a marcar un gol ni siquiera si le dieran una hora más de juego...

Dos años seguidos de humillaciones en la Champions no eran ninguna coincidencia pero la junta directiva del club seguía con la suya: fichando a cualquiera, dando oportunidades a entrenadores de segundo nivel nacional y debilitando la plantilla con la temporada en curso. Lo de anoche fue el colmo, fue sin duda mi noche más negra como hincha del Barça. Un equipo grande no cae de esa manera sino que lucha hasta el final por los colores, la historia y el escudo que representa. Pero ese equipo ya no es grande, fue desmantelado sistemáticamente desde el propio club a lo largo de los últimos años. Ha sido quizás el acto de autosabotaje más incomprensible de la historia reciente del fútbol. Me siento muy triste porque esto no tenía por qué acabar así y además tiene bastante mala pinta de cara al futuro. Esto se veía venir hace mucho tiempo y era evitable. Amigos y amigas, por primera vez en mi vida como culé siento que necesito un descanso de tantas decepciones, porque no es sólo un equipo perdiendo un partido sino un club hundiéndose en la mediocridad voluntariamente y arrastrando al mejor jugador del mundo y eso es algo que yo simplemente no quiero presenciar.

Ojalá la revolución que todos los culés esperamos en el club consiga cambiar su rumbo, pero mientras tanto yo me tomo mi merecido y largo descanso del fútbol.

poniedziałek, 29 czerwca 2020

Depression and crisis looming over the Camp Nou

With the coronavirus crisis wreaking havoc across the world, most European football competitions have resumed. The "new normality" is especially depressing when you watch matches played in empty stadiums, with chants and cheers played from the ground speakers. Some of that atmosphere has unfortunately infected certain clubs, and most notably Fútbol Club Barcelona.

To be exact, this depression has been looming over the club ever since Pep Guardiola left it back in 2012. Tito Vilanova still had an amazing team at his disposal, but then Tata Martino failed to win a single title in the 2013-2014 season. The greatness and pride in the team were recovered for a few years with Luís Enrique and the great MSN trio up front, but the departure of Neymar three years ago was a turning point from which the club hasn't recovered.

There is no excuse for ruining a team which still has the best footballer on the planet in its ranks. All you needed to do as the board of directors was to surround Messi with the right kind of players who fit in the football culture which the team has developed at least since Johan Cruijff's Dream Team of the 90s. I mean technically exceptional players, creative and young enough to build a long-lasting project around them. There were a few good signings with this idea in mind: Frenkie de Jong, Marc-André ter Stegen, Nélson Semedo or Arthur.

The Brazilian Arthur is currently in the process of leaving the club and the reason for this is purely economic: the club needs money to close this year's accounts without showing losses. This situation is unfortunately a result of a serious mismanagement. For some mysterious reason the Catalan press have always been extremely mild in their criticism towards Josep Maria Bartomeu and his board of directors and so were the 'socios', the club members who elected him president already twice.

It is shocking to hear that the theoretically richest club in the world needs to start selling players after having spent around 420 million euros not long ago on just three players who are not even playing: Coutinho is on loan and the Frenchmen Griezmann and Démbelé are on the bench and constantly injured respectively. Losing Neymar to Paris Saint Germain was a painful blow to the club but there are much better ways of spending the 220 million euros the French club paid for the Brazilian.

I often ask myself: How is it that Démbelé's worrying injury record and exasperating lack of maturity were not taken into account when Barça were looking for a replacement for Neymar. Most importantly perhaps, his strong and weak points as a player are completely at odds with what Barcelona need. Démbelé is not the kind of player for a patient build-up and one or two-touch passing game in which precision in passing and taking the correct decisions is everything. He could prove to be a great signing for many English clubs but not Barça. The Frenchman's third season at the club is coming to an end and his performance and attitude have been extremely poor... and expensive. There is no doubt that Démbelé is a very talented footballer, however the investment has proven to be a complete failure.

I also ask myself if Griezmann was a necessary signing. It is a different case from his countryman's, as Antoine is visibly focused on football and has worked hard to convince the fans and the manager. The club's lack of vision explains why the Frenchman was brought in the first place. After losing such a skillful dribbler as Neymar, the team needed another attacker with the capacity of running at rival defenders and outmananeuvering them. Instead of signing a player with dribbling capabilities and creativity, the club insisted on Griezmann, who has become more of a target man, almost a 'number 9' figure since he joined Atlético from Real Sociedad. It's not that Griezmann has suddenly forgotten how to play football, the problem is that he is not what the team needed. Currently Messi is the only threat for opponents when tight defences need to be dismantled with some quick footwork.

What did surprise me was the failure of Coutinho whose performance in a top Premier League team had been consistently remarkable before he moved to Barcelona. The Brazilian's first six months at the club looked very promising and he seemed to fit in naturally into the team. I find it difficult to understand what happened afterwards. Coutinho seemed confused in Valverde's line-ups, started losing confidence and, as some journalists have pointed out, lacked the personality to turn things around. As a result, Coutinho's game started becoming extremely predictable and his situation became so unbearable that the club decided to loan him out. Barcelona will surely never recover the 160 million euros spent on the midfielder and I can't help wondering whether a better manager would have made things work for the former Liverpool star.

This season we have witnessed several other questionable decisions by the club's board. Selling Munir el Haddadi and especially loaning Carles Pérez out to Roma left the team with very few attackers when Luís Suárez was out for several months. Rafinha had been loaned to Celta before the season, while Carles Aleñá lost patience and accepted a loan at Real Betis. We could also ask why the goalkeeper Cilessen was swapped for Neto for exactly the same transfer amount. However, perhaps the most shocking of all the decisions was sacking Ernesto Valverde after a really good Spanish Supercup performance against Atlético (3:2 defeat). I have nothing against Quique Setién, but if Valverde was to be sacked, that should have been done last summer after the humilliating Champions League 2nd leg in Anfield Road, not with the season under way. The truth is that since that Supercup defeat I haven't seen the team play well even once, and I don't blame Setién for that.

These are only some of the most recent mistakes committed by the Barça management and perhaps the most serious ones. Another disappointing aspect is the gradual loss of confidence in the exceptionally prolific Barcelona youth academy. Barça fans will hope that Riqui Puig and Ansu Fati become the next stars for the team, but there seems to be no stable project for the post-Messi era and this could compromise the development of such home-grown talents. The club has already displayed its little confidence in the 'canteranos' when Alejandro Grimaldo and Marc Cucurella were sold and Júnior Firpo was signed instead, an investment which has all the signs of another failure, while both Grimaldo and Cucurella are thriving in their new clubs.

What are the prospects then? The near future is looking quite bleak. There is no vision or consistent project to build a team with a coherent and recognisable identity, like Guardiola's or Luís Enrique's sides which won the Champions League. Expensive signings frequently fail to adapt and the club is a mess at the administrative level. Arthur's departure for Juventus is a bad omen: the club is swapping its identity and long-term project for immediate results in a desperate attempt to win a trophy before the Messi era is over. What about the future though? Even the present: Does the team have enough quality to once more lift the major European cup? I doubt it. Perhaps the only hope for the club is if early elections are announced and the current board finally leave management to more competent people with a coherent vision for the future.

sobota, 23 maja 2020

Tinderness y el amor y cariño en los tiempos del coronavirus

Mi experiencia en la aplicación empezó hace cuatro años después de una mala racha de desengaños amorosos. Recuerdo que un par de meses antes aún me reía de dos amigos que no paraban de usar el Tinder en un viaje que hicimos a Gran Canaria. Les decía que ese mercado de objetos de deseo no era para mí. Entendía que era mucho más fácil conocer personas interesantes en la vida real que esperar un emparejamiento con alguien desconocido que sólo podemos juzgar por sus fotografías y a veces por una corta descripción.

Con el tiempo me di cuenta que esa facilidad es relativa. Hay momentos en los que nos volvemos más tímidos, introvertidos o carecemos de la confianza para acercarnos a las personas que nos interesan. Encuentro que la confianza en uno mismo y la necesidad y capacidad de sociabilización son variables y cuando justamente están en un punto bajo, alternativas como las aplicaciones y redes sociales de citas no son una mala idea.

Me hice una cuenta bastante improvisada y con una descripción que, con suerte, me retrataba como una persona divertida, activa y simpática (cosa que intenta todo el mundo que se describe de alguna manera). Conocía el tópico sobre el Tinder: que era una aplicación para buscar sexo y relaciones superficiales. Yo no necesariamente buscaba eso, como tampoco busco exclusivamente sexo en el mundo no virtual. Me apetecía conocer a alguien interesante y volver a sentir esa placentera ilusión de un mar de posibilidades.

Con el tiempo entendí que las apps de citas como Tinder no deberían ser la única apuesta, sino un atajo que a veces nos permite acortar el camino habitual. Dejar de conocer personas en la vida real para enfocarse en las apps es un error que puede generar mucha frustración, pero el atajo virtual puede ser útil en algunas circunstancias. Personalmente le debo un par de buenos recuerdos y buenas amistades a ese método que encontré beneficioso sobre todo en un viaje.

Pero hablemos un poco de las frustraciones ya que las buenas experiencias han sido una excepción. Primero de todo, debe haber mil hombres por cada mujer en esas aplicaciones y con perfiles ‘trucados’ o minuciosamente preparados para conseguir un objetivo muy concreto. En una ciudad como Barcelona si tu perfil no destaca a nivel visual, se pierde entre decenas de miles de otros. Además, no nos engañemos: la descripción es secundaria, aunque yo sí las leía y algunos ‘likes’ se debían a una descripción interesante. De todas maneras, creo que no estoy dispuesto a presentarme como alguien que no soy en las imágenes y tampoco soy un gran fotomodelo.

Teniendo esto en cuenta, para mí entrar en Tinder es como buscar “chicas” o “mujeres” en Google Imágenes, o sea: sirve sólo para ver fotos de desconocidas. Por mucho que me guste algún perfil, no habrá ni un ‘match’ en cientos de perfiles vistos, y aunque haya alguno, la otra persona no suele contestar. Siento que en vez de estar ejerciendo mis habilidades digitales, debería estar conociendo personas fuera del ámbito virtual.

El amor y el cariño en los tiempos del coronavirus

Dos meses de confinamiento son suficientes para que perdamos la paciencia y empecemos a extrañar el contacto con otros seres humanos. Para algunos ese momento llegó ya en los primeros días y para otros está llegando ahora o aún no lo han alcanzado. En mi edificio ya hemos celebrado el cumpleaños de una vecina (lo cual fue denunciado en Twitter por alguien del barrio que nos sacó una foto desde lejos) y nos vemos habitualmente en la terraza comunitaria. He leído historias de parejas que se encuentran en la cola para un supermercado para poder verse y estoy viendo como cada día aparecen más brotes de amor y amistad en los espacios públicos. Sé que estos encuentros aumentan el riesgo de contagios, pero no puedo culpar o juzgar a nadie por desear un poco de contacto con otras personas

Yo personalmente extraño el abrazo: un tipo de contacto que, más que un beso, "borra la tristeza" y "calma la amargura". He calmado tormentas y aliviado dolores existenciales gracias a este gesto tan sencillo. Nada más en el mundo tiene la misma capacidad de devolverme a la tranquilidad. Hace unos días he salido a pasear por mi barrio con una amiga y no hemos podido evitar abrazarnos cuando nos vimos después de casi tres meses separados. Sentí que con ese gesto tan sencillo se acabó mi confinamiento interior.

Si el abrazo puede ser considerado un pequeño gesto de amor y tal vez uno de los más importantes, los demás parecen del todo inalcanzables en este período tan confuso. A veces por aburrimiento abro Tinder, que suelo utilizar durante los viajes . Me hace gracia leer las descripciones de las personas, que hace poco aún tenían sentido: "Me encanta viajar", "Wanderlust", "Salgamos a bailar bachata"... ¿Cómo deben estar ahora todas esas personas adictas a la adrenalina de viajes, fiestas y eventos?

He decidido pasar de largo del Tinder. Creo que al final será verdad que no es lo mío y seguramente no es el momento adecuado.

piątek, 24 kwietnia 2020

Betrayal from the left: The excuses behind the leftist critique of "white veganism"

A mural in Dharamshala (Himachal Pradesh, India)
There are few topics nowadays capable of setting people on edge as much as veganism in the social media. If you ask meat-eaters if non-humans deserve to have rights, most would probably say "Yes" and would genuinely prefer animals not to suffer. However, when veganism comes up in a conversation, it's another thing: It irritates many people because it's considered radical and extreme as it forces us to question the way we live and what we consume. There are some who react almost allergically to the word "veganism" and wouldn't eat a product labelled as vegan even though they already eat fruits and vegetables, among others. Surprisingly to me, some of the harshest criticism comes from those who I expected to be allies in this struggle against oppression: a certain sector of the political left, which despite actively engaging in the fight against sexism, classism, racism and homophobia rejects antispeciesism. Such critics often deny the political nature of veganism and label it as a trend in consumption which negatively affects rural and indigenous communities through a white and eurocentric perspective.

A couple of days ago I had an intense discussion with a friend who attacked what is often labelled as "white veganism". She shared a news item exposing the shockingly precarious conditions in which workers picking vegetables in Andalucía are expected to spend their confinement, and accused white vegans of not speaking up against that injustice. The workers, interviewed by the renowned Catalan journalist Jordi Évole, were all migrants who live in squalid, improvised shacks, where self-isolation to prevent the spread of the SARS CoV-2 virus is simply impossible. Such stories should inevitably point our attention to the racism and classism inherent in neoliberalism. Migrants on low wages, picking fruits and vegetables for Europeans to consume, while they are exposed to diseases and life in misery: This is unfortunately nothing new in capitalism, which thrives on inequality.

I was deeply disturbed by the story, however I also felt that focusing the criticism on vegans was deeply unfair, so I challenged my friend's views. In this particular case the criticism is clearly misdirected, first and foremost because it's not only vegans who consume the vegetables picked up by the migrants. I think it's obvious as all of us, whether we're vegan, vegetarian or omnivore, consume vegetables, legumes and fruits. What is less obvious and perhaps less known is the fact that abattoirs also employ an important percentage of migrant workforce, who earn low wages and expose themselves to disease, including mental disease and emotional disorders related to the dire conditions they work in. The fact that numerous migrants take up this job to satisfy the demand of animal products in wealthy Western societies is somehow (probably deliberately) overlooked by those who attack veganism for creating a demand which eventually leads to exploitation. Their incoherence is further made evident as they also ignore the severe environmental destruction that they contribute to by consuming meat, most of which is not purchased from local farmers but in supermarkets supplied by industrial farms.

Another Vegan mural in Udaipur (Rajasthan, India)
In the comments to my friend's post another person's harsh attack finally motivated me to write this post. The person, who had apparently been vegan for five years and then changed their mind (which anyone has the right to), claimed that there is nothing political about veganism. Unfortunately such contemptuous statements, which reduce veganism to a fashion or a trend in consumption, are quite extended even among theoretically liberal and open-minded people. This might feel like a stab in the back from people you expected to be on your side, although I can understand where the confusion stems from. There is no doubt that plant-based diets have become an attractive product especially in our 'Global North', where many people have adapted such diets due to health reasons or simply fashion. This in turn inevitably produced resistance of certain sectors of the society. It is undeniable that such tendency exists and uses veganism for no other reason than economic profit. However, this trend should not be confused with what veganism stands for as a way of life based on the rejection of animal products for ethical reasons. The main drive behind it is antispeciesism, which can be defined as a political stance against the oppression of other animals. To say that there is nothing political about veganism is similar to claiming the same about antifascism, antiracism or feminism.

What I find especially surprising and incoherent is the attitude of some white leftists who attack veganism for supposedly contributing to the deterioration of indigenous cultures and their practices. According to them the production of vegan food takes up the land and resources of indigenous people, causing environmental destruction and increasing the cost of living for those communities. Again: Are vegans the only people consuming avocados, soy, quinoa, cashew nuts or palm oil? Quite clearly the answer is no. To be quite frank, I am surprised when I hear such a passionate defense of indigenous communities coming from white Westerners. It doesn't mean they have no right to voice their concern, but I haven't come across too much of the same criticism raised by the very indigenous communities they supposedly support. Perhaps the indigenous farmers wouldn't target vegans specifically but rather vent their anger on corporations which destroy their land by cultivating, among other things, enormous quantities of feed for the animals which are eaten mostly in the 'Global North'...

By no means I'm saying that white veganism, like white feminism and other white "versions" of well-meaning struggles, is perfect and doesn't deserve criticism. Raising ethical questions concerning minority groups and their cultural practices can also be problematic bearing in mind the history of Western cultural impositions on other cultures. There is no doubt that the Western mindset and education deliberately ignore and look down upon other cultures and traditions. Such neocolonial attitude needs to be uprooted from any movement which defends justice and equality, as white supremacy is incompatible with those same values that antispeciesism or feminism stand for and ends up being counterproductive for the cause. However, there is a thin line between showing respect for those cultures and becoming entangled in the cobweb of cultural and moral relativism, as opposed to ethical universalism. As a friend and activist wrote in an extremely absorbing article (Author and title below), we need to ask ourselves if the rights of cultural minorities should prevail over the rights of non-human animals and if any defense of animal rights can be considered eurocentric and neocolonialist. According to numerous authors, the answer to both questions is "No" and the defense of animal rights can be compatible with defending cultural rights of minorities.

It is also worth noting that the Western antispeciesist movement challenges mostly the Western consumption models and industrial farming more than, for example, the subsistence consumption of Inuit fishermen or farmers in Sudan whose resources are more scarce and consumption choices more limited. This does not mean, however, that cultural practices which are harmful to non-human animals are accepted from an antispeciesist perspective. Perhaps there is a difference between the two examples of subsistence consumption mentioned above and, for example, the ritual "sacrifice" of animals for religious feasts, although none of them are justifiable from the point of view of animal rights. As my activist friend reminded me, it is important to challenge the incoherence between the treatment of human rights, declared universal in 1948, and animal rights, which are still subject to moral relativism. If we don't apply ethical universalism in both cases, we need to explain why, which will uncover the speciesist ideology motivating such a differentiation.

What I find especially disappointing is the excuses that even theoretically leftist and liberal people find to continue consuming animal products. Some of them heave a sigh of relief when they read research favouring the consumption of animal products, often sponsored by the meat or dairy industry. They share articles and interviews with false and manipulated data in their social media, such as the often cited Lierre Keith whose credibility is extremely low. I can understand the fact that people want their choices and actions to be ethical and therefore try to justify them in order to avoid the feeling of guilt. What we don't need, however, is excuses. We should be able to face the reality honestly and recognise our wrongdoing, if needed. As humankind we are committing outrageous atrocities against members of other species. The suffering inflicted upon them especially in industrialised farming is unimaginable and unacceptable, and the pollution caused by the industries is startling.

What I expected from all those concerned with justice and equality is some more sense of what we call "intersectionality". White veganism certainly deserves the backlash it is receiving, but if we criticise it only to justify our consumption of animal products and to reject veganism altogether, we align ourselves with the oppressors, not with the oppressed. I understand that we are all doing our best and none of us are 100% coherent, but denying the reality and looking for excuses only causes profound gaps between our causes, which would work much better united.


*The article mentioned above is "El conflicto entre los derechos culturales y los derechos de los animales no humanos: una propuesta de mediación" by Antonio Muñoz Cuenca. Thank you Toni for your feedback and suggestions!

poniedziałek, 6 kwietnia 2020

Cien horas de soledad en los tiempos del coronavirus

No serán cien años y es poco probable que lleguen a ser cien días, pero el tiempo que llevamos encerrados habrá sido suficiente para que muchas personas empiecen a notar los efectos de esta medida en su salud mental. Yo he sentido un poco de todo estos días, aunque debo admitir que entre los confinados soy un afortunado, ya que he podido mantener mi trabajo y mi sueldo en tiempos muy inciertos para la mayoría de nosotras. Muchas de mis amigas y vecinas en Barcelona han perdido sus ingresos y viven momentos de mucha incertidumbre. Aprovechando esta oportunidad me gustaría mandarles un fuerte abrazo a todas esas personas.

Para mí al principio el confinamiento era una bendición: Por primera vez desde hacía mucho tiempo podía pasar tanto tiempo en casa. Antes cada día estaba lleno de actividades: conciertos, fiestas, fútbol, clases. A menudo sentía que no daba abasto y llegaba al fin de semana exhausto. Durante los fines de semana tampoco descansaba y finalmente volvía al trabajo y mis actividades con la sensación de agobio. Por lo tanto, la parte positiva de esta crisis es que por fin puedo dedicarme a las actividades que me interesan sin ninguna prisa. Hoy es el segundo sábado consecutivo en el que paso horas en el balcón tomando mate, leyendo y escribiendo con tiempo de sobra. Me gustaría disfrutar de esta tranquilidad también en la época post-corona.

Además, el encierro y la ausencia de las prisas resultaron ser los ingredientes ideales para aumentar el sentido de comunidad en mi barrio. Cada día tengo conversaciones muy distendidas con mis vecinos desde el balcón, algo que no había ocurrido nunca antes. Empecé a prestar atención a los habitantes del edificio de enfrente por primera vez desde que me mudé aquí hace ocho años. Los veo en sus ventanas y sus balcones leyendo libros, charlando o aplaudiendo a los sanitarios a las ocho: personas como yo, con sus sueños y sus ideas. Ayer incluso hablé con los vecinos de enfrente sobre la relación entre gatos y perros en casa. No sé si esta transformación de la convivencia vecinal ocurre en todas las comunidades, pero sería una decepción si este espíritu no forme parte de la normalidad que esperamos.

Ayer me puse a sacar fotos con mi cámara nueva desde la ventana del salón que sale al interior de la manzana. Eran casi las ocho y faltaba poco para los aplausos. La tranquilidad que se percibía no es nada común un viernes por la tarde en mi barrio. Me fijé en el cielo y me di cuenta del otro gran cambio comparando con la "normalidad" anterior a la llegada del virus: La total ausencia de las huellas que dejan los aviones. Un cielo tan despejado no se habría visto en Barcelona desde hacía muchas décadas. Pensé que ojalá podamos limitar la cantidad de vuelos en el mundo para reducir nuestro impacto negativo sobre el medio ambiente. Para conseguir eso, los viajes en avión tendrían que encarecer. Tal vez desaparecerían Ryanair, Wizzair e EasyJet y volveríamos a algo que era habitual antes de que aparecieran esas compañías de bajo coste, hoy al borde de la quiebra.

A lo mejor ese cambio tendría que venir de los propios viajeros, porque si la demanda no baja, otras empresas pronto ocuparán el espacio abandonado por Ryanair y otras. A mí personalmente me encanta viajar pero estoy dispuesto a reducir la frecuencia de mis viajes para aportar mi granito de arena a la causa. Quizás viajar debería ser un pequeño lujo, como en el pasado no tan lejano. En vez de ahorrar para una moto o un ordenador nuevo, lo haría para volver a ver los picos nevados del Himalaya o visitar a mi familia en Delhi. Con ese cambio se reduciría drásticamente el impacto negativo del turismo. Por desgracia ese cambio dejaría a muchísima gente sin ingresos, sobre todo en aquellas partes del mundo con alta dependencia del turismo. La economía de aquellas zonas tendría que reinventarse eficazmente para evitar una profunda crisis. El otro riesgo es que viajar se convierta en una actividad solamente asumible para las élites adineradas. De todas maneras, a largo plazo la transformación podría resultar beneficiosa.

Si hablamos de salud mental durante la cuarentena, también en ese aspecto hay un grupo de riesgo. Habrá personas que sacarán un gran provecho de esta situación, y otras que se verán muy perjudicadas. Pienso en toda la gente con depresión y ansiedad, o incluso la que está acostumbrada a un estilo de vida muy activo y socialización intensa, por ejemplo los amantes de los deportes y de la vida nocturna. Me sabe mal por muchos adolescentes que están encerrados con sus padres durante tantas semanas: A los 15-16 años seguramente no es una situación ideal ;) La cuarentena podría ser también un escenario perfecto para una reconciliación familiar o lo contrario: Una ruptura. No quiero ni pensar en las víctimas de violencia de género encerradas ahora con un maltratador...

Yo afortunadamente no soy adolescente y tampoco tengo mucho riesgo de algún conflicto doméstico, salvo las habituales peleas entre nuestros gatos. El confinamiento me ayuda a entender la naturaleza de mi socialización en tiempos "normales". Estoy descubriendo que no estoy nada mal sin pasar los fines de semana pendiente de eventos y bebiendo incontables cervezas en los bares y plazas de Barcelona. He entendido que en buena parte mi intensa vida social era una tapadera a la soledad y el vacío existencial que sentía. Algunas veces me excedía en esos esfuerzos de poner parches a ese vacío. En este sentido quizás estoy mejor ahora: Ya no experimento esa ansiedad de perderme algo importante. Lo realmente importante lo debo cultivar dentro de mí para poder compartirlo mejor con los demás. Espero poder aplicar este aprendizaje cuando se acabe esta pandemia.

Como pueden ver, no estoy tan mal y trato de aprender de esta experiencia, aunque sería muy arrogante de mi parte aconsejar a los demás intentar ver el lado positivo. Tengo vecinos y amigas que han perdido sus ingresos y su preocupación es totalmente comprensible. Mis problemas, en cambio, son las mismas dudas existenciales de siempre o algunas más triviales. Por ejemplo, extraño el fútbol. A veces me pongo a ver videos, como "Los mejores partidos de Messi" o resumenes de partidos del Barça de Guardiola y Luís Enrique. También extraño los partidos que jugaba cada semana con mis amigos. El deporte en casa no me motiva, para mí tiene que haber una recompensa en forma de diversión para que me esfuerce tanto. Echo de menos a mis amigos y amigas, aunque estamos en contacto regularmente y confío en verlos pronto.

Esperemos no tener que pasar ni siquiera cien horas en soledad en estos tiempos del coronavirus. Ahora sólo nos queda esperar. Pronto sabremos hasta cuándo y ojalá hasta la nueva fecha bajen considerablemente los contagios y las muertes.

wtorek, 31 marca 2020

Depresión y conflicto en Europa, tragedia de los trabajadores migrantes en la India: El mundo 'apandemiado' y su futuro

Este mes de marzo ha sido posiblemente el más extraordinario en la vida de la mayoría de nosotros. Para algunos el confinamiento forzado es solamente una molestia o una privación de su libertad, pero para muchos otros es una absoluta pesadilla. Somos pocos los que hemos podido mantener nuestros puestos de trabajo y nuestros sueldos, ya que una gran parte de la sociedad ha dejado de cobrar. Muchas personas gastan el dinero de sus ahorros, mientras que otras dependen de sus familiares y amigos para sobrevivir.

Estos días observamos todo tipo de actitudes humanas como reacción a la amenaza del virus: desde las más bonitas hasta las más despreciables. Cada día a las ocho de la tarde participamos en los aplausos a los sanitarios que trabajan sin descanso salvando vidas. También vemos otras expresiones de solidaridad, como la de mi vecino Miquel que nos regaló un concierto de guitarra clásica desde su balcón. Por desgracia también hemos asistido a "espectáculos" lamentables protagonizados por diferentes tipos de policías: los de verdad y los del balcón, que insultan y amenazan a personas que salen a la calle sin ni siquiera conocer sus motivos para hacerlo. He visto videos de violencia policial totalmente gratuita, pero esto me sorprende menos que las reacciones violentas de algunas personas contra sus vecinos.

Otra de las actitudes desagradables que parecen haberse propagado con la pandemia es la búsqueda del chivo expiatorio. Probablemente una de las teorías más extendidas en las redes sociales es la que achaca la culpa a China. Sin duda al régimen comunista chino se le pueden reprochar muchas cosas, como la invasión del Tibet o la brutal represión de los disidentes políticos, pero no puedo estar de acuerdo con esas acusaciones. Es cierto que el gobierno de Xi Jinping trató de ocultar la situación real al principio de la epidemia de Covid-19, pero recapacitó a tiempo y reaccionó pronto cuando el número de infecciones empezó a subir. En pocas semanas China consiguió controlar la epidemia.

La verdad innegable es que el virus podría haber originado en algún otro país, como el virus de la gripe española que supuestamente empezó a infectar a humanos en Estados Unidos en el año 1918. Y si hubiera originado en otro lugar, ¿diríamos hoy que es por culpa de Estados Unidos, Francia o Alemania porque han permitido que el virus atravesara sus fronteras? Si China reaccionó tarde según algunas voces críticas, ¿qué diremos de España, Italia, el Reino Unido o Estados Unidos? Tampoco faltan voces que sugieren que el país asiático se está beneficiando económicamente de la pandemia. Me pregunto cómo no se van a beneficiar si han logrado restablecer su actividad económica e industrial mientras todo el mundo está sumido en una profunda crisis. Me parece hasta lógico que una potencia económica como China saque provecho de esta ventaja, aunque habrá que valorar de qué manera lo logran. La ética es muy importante en todo momento, haya una crisis o no.

Como si todo eso fuera poco, me entero de que la derecha española critica duramente la gestión de la crisis del gobierno "socialista". A mí no me gusta el PSOE y tampoco creo que su gestión haya sido perfecta, pero que la crítica venga de los mismos impresentables que han recortado el gasto público (no es el que el PSOE no lo haya hecho) y han dejado la sanidad pública debilitada me parece extremadamente cínico y oportunista. Pero en este país ya conocemos el PP, ya sabemos que son capaces de este cinismo.

También a nivel europeo la crisis sanitaria ha desencadenado una crisis política. Una vez más vemos como se agudizan las profundas diferencias entre el norte y el sur. Las ofensivas palabras del jefe del eurogrupo sobre el supuesto derroche de los países del sur en "copas y mujeres" muestran que los prejuicios siguen vigentes. Estamos viviendo una grave crisis de valores en la que llevamos muchos años inmersos. La solidaridad es una palabra vacía en nuestra sociedad individualista del rendimiento y al final si algo acaba con la frágil y cuestionable unión de Europa no será la pandemia del Covid-19 sino una epidemia de egoísmo neoliberal.

Mientras tanto en otras partes del mundo como la India las consecuencias pueden alcanzar dimensiones mucho más trágicas. Desde el anuncio del 'lockdown' del país, millones de personas se han visto varadas en una situación desesperante. En las ciudades muchos trabajadores temporales han quedado sin trabajo e ingresos de un día para el otro y dependen de la caridad de otros para sobrevivir. Millones de personas no tienen otro remedio que caminar cientos de kilómetros durante día y noche para volver a sus pueblos. Algunos no sobreviven el esfuerzo. Me pregunto si el gobierno de Modi calculó bien las enormes repercusiones que traerá el cierre de toda actividad económica para la gran mayoría de indios. Pero Modi ya demostró hace cuatro años lo poco que le importan los sectores más vulnerables de la sociedad con una demonetización abrupta que dejó a muchos millones de ciudadanos sin efectivo para comprar comida.

Hay un hecho muy relevante a la pandemia actual y muchas anteriores que incomoda mucho a las industrias y los consumidores, y por tanto no aparece mucho en los medios de comunicación: El sufrimiento de los humanos es una consecuencia de la explotación y sufrimiento de otras especies. Como bien explica un artículo que leí hoy en 'Sentient Media', tanto el CoV-SARS-2 como los virus de las gripes porcina y la gripe aviaria lograron infectar a un organismo humano que consumía los animales portadores del virus. Es irrelevante si la carne procede de un animal que consideramos "salvaje" o de un animal esclavizado en una granja. Está claro que el consumo de carne incrementa el riesgo de infecciones víricas como la que estamos viviendo ahora, aparte de muchas otras enfermedades como el cáncer o enfermedades cardiovasculares. Me extraña que se hable tan poco de esto cuando cada vez hay más motivos para dejar atrás esa atroz explotación de otras especies animales y adaptar un modo de vida vegano.

La semana pasada compartí con ustedes mi preocupación pero también la esperanza con la que miraba el mundo post-Covid-19. Sin embargo, estos días he oscilado entre esa versión optimista y una más pesimista. Tras leer un texto del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, publicado en 'El País', entendí que la posibilidad de que prevalezca la segunda no es nada descabellada. La Europa del bienestar y de las libertades individuales (las dos cosas cada vez más cuestionables...) sufre mucho más con esta pandemia que los estados de Asia Oriental, donde la sociedad es a menudo definida como más colectivista y donde la confianza de los ciudadanos en el estado suele ser más alta. Tal vez estos factores sociales sean decisivos en la aceptación de la vigilancia masiva extendida sobre todo en China. Parece ser que, a diferencia de Europa, en Asia Oriental esa medida es poco cuestionada. Los ciudadanos cedieron voluntariamente una parte de su privacidad al estado, lo cual puede ayudar a erradicar una pandemia pero puede ser el origen de mucha represión en tiempos de paz. La advertencia de Byung-Chul Han es seria: No podemos permitir que la pandemia acabe con nuestras libertades.

Al mismo tiempo no paso por alto la crítica que el pensador surcoreano dirige a la sociedad europea. Estoy de acuerdo en que los aplausos y las distancias que mantenemos entre nosotros en los supermercados y tiendas son muestras de solidaridad muy débiles, prácticamente lo mínimo que podemos hacer: Agradecer la gran labor del personal sanitario y evitar contagiarnos y así contagiar a otras personas. Sólo con esto no construiremos una sociedad más justa y solidaria. Nos haría falta dejar de ser tan extremadamente individualistas y materialistas, además de valorar más los beneficios de vivir en una comunidad. Entonces, ¿qué ocurrirá cuando se acabe esta crisis? ¿Los estados europeos se volverán más autoritarios y perderemos nuestras libertades? ¿Habrá más fronteras y xenofobia en el mundo? ¿Seremos más solidarios y amables entre nosotros o tal vez más distantes y desconfiados? Me temo que estaremos igual que antes, lo cual no es la peor noticia pero tampoco es buena...