Mi experiencia de búsqueda de empleo en Barcelona
En julio de 2025 empecé un trabajo nuevo para una empresa que gestiona hoteles y apartamentos turísticos en Barcelona. Me fui de la empresa 4 meses más tarde porque me iba de viaje largo a la India y Nepal. Desde mi vuelta a mediados de diciembre hasta ahora he estado buscando trabajo y ha sido una experiencia bastante dura y frustrante. Al principio mi estrategia consistía en ser selectivo y apostar por ofertas que me ilusionaban: de ONGs, fundaciones, empresas con una visión ética y sostenible, etc. Mientras percibía el paro, encontrar trabajo no era una urgencia y sentía que me podía permitir la paciencia. Sin embargo, el mercado laboral me acabó bajando a la tierra.
A pesar de mis 17 años de experiencia en diferentes sectores, muchas habilidades y conocimientos y 9 idiomas, salía rechazado en casi todos los procesos de reclutamiento. Al principio no me lo tomaba mal pero con el tiempo empecé a sentirme frustrado y decepcionado. Me daba rabia que nadie quisiera darme la oportunidad para ver cómo trabajo y qué puedo aportar al proyecto. Muchas empresas ni siquiera se molestaban en contestarme, al igual que las redacciones de varios periódicos polacos a los que mandé mis textos.
De las pocas entrevistas de trabajo que tuve en marzo y abril, acabé rechazando todas por las condiciones laborales que ofrecían. Para evitar este tipo de situaciones me fijé unos mínimos en cuanto a salario y condiciones y decidí que no estaba dispuesto a volver a un puesto de atención al cliente por teléfono. Al mismo tiempo, empecé a tener en cuenta empleos que antes no me planteaba solicitar.
Desde el mes de abril también miro ofertas en el sector turístico y de hostelería, por ejemplo trabajos en hoteles y bares. Antes que volver al teléfono, prefiero tener el trato directo con los clientes, que me resulta mucho más agradable y llevadero. Me imagino que hasta podría disfrutar de un trabajo detrás de la barra o una recepción de hotel mientras busco otra cosa y hago cursos de formación que me permitan aspirar a un empleo estable y satisfactorio. Finalmente he tenido una oferta que ahora estoy sopesando, que tiene bastantes ventajas (cercanía a mi casa, buen sueldo) y una clara desventaja - trabajo en turnos rotativos que incluyen el nocturno. Aún no he decidido si la acepto o no.
Siento mucha frustración y ansiedad por esta situación. Tengo ganas de trabajar y aprender cosas nuevas, pero el mercado laboral de Barcelona es un lugar hostil, saturado de gente, al igual que el mercado de la vivienda. Sin apuntar a nadie en particular, la ciudad está llena de personas de todo el mundo, muchas de las cuales son seguramente muy competentes y habilidosas. Al final Barcelona es un lugar de moda que atrae el talento de todas partes. No es que a mí me falte talento y competencias, pero la competitividad por cada puesto es muy grande.
También siento frustración conmigo mismo al considerar que he malgastado muchos años haciendo trabajos cómodos y bien pagados pero poco ambiciosos. La ambición es un concepto nuevo para mí. Durante casi toda mi carrera rechazaba las posibilidades de ascender en la estructura de mi empresa. Tampoco aposté por ninguna vía alternativa para buscar la realización en otros sectores. Fue hace unos años que mi terapeuta me hizo ver que mi rechazo de la ambición tenía que ver con el conflicto interno con mi referente masculino - el de mi padre. Mi rebelión contra él y sus valores me hizo despreciar lo que consideraba un rasgo tóxico, agresivo y vanidoso. Sin embargo, mi proceso terapéutico me hizo entender que en realidad me estaba boicoteando a mí mismo y saboteando mi futuro.
Hoy en día no comparto esa visión ingenua e ideológica de la ambición en el mundo laboral. Considero que mis valores políticos anticapitalistas e igualitarios no son incompatibles con una actitud más pragmática en cuanto al empleo. Al final y al cabo, sólo soy una persona que intenta sobrevivir y llevar una vida digna y satisfactoria. Tengo que pagar mi alquiler, comer y financiar las actividades que mejoran mi bienestar emocional. También quiero tener la capacidad de ahorro, viajar de vez en cuando y solicitar una hipoteca para la compra de un piso. Si gano un buen sueldo, quiero que me sirva para ser generoso, aunque lo soy incluso cobrando el subsidio por desempleo. No me parece que esté pidiendo mucho, pero la situación en el mercado laboral me hace pensar que es una entelequia.
De todas formas, trato de no ser duro conmigo mismo. Hace unos meses fui diagnosticado con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y fue una revelación importante que me permitió entenderme mejor. No trato de buscar excusas y refugiarme en el trastorno para explicar por qué no estoy dónde quiero estar, pero hoy entiendo que mi cerebro funciona de otra forma y necesita otras estrategias que antes no aplicaba. Considero la posibilidad de probar la medicación para comprobar si me ayuda a tener más enfoque y estabilidad emocional. Aprender a lidiar con mi TDAH puede cambiar mi vida por completo, ayudando a mantenerme en el camino correcto hacia mis objetivos.
A pesar de mi situación sigo creyendo que tengo mucho que ofrecer como profesional y persona. He rendido muy bien en todos los trabajos y mis jefes siempre han estado contentos con mis resultados. Me he adaptado a sectores tan diversos como la información bursátil, la banca, el turismo y la informática, siendo un filólogo con un máster de comunicación. Me ha costado mucho esfuerzo y trabajo terapéutico aprender a valorarme y a hablar de mi trayectoria profesional en términos positivos, aunque no haya conseguido aún lo que busco. Sé que se me dan muy bien muchas cosas y me siento capaz de revertir el rumbo que ha tomado mi vida en los últimos años. Ningún contratiempo hará que deje de creer en mí y mis posibilidades de construir una vida plena.

Comentarios
Publicar un comentario